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EL podio y celebración del gran premio de Qatar.

Un triunfo personal de Viñales, Se sale con la suya con Yamaha, se centra en su familia y parece otro

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  • Para Maverick Viñales todo es una cuestión personal. Como tantos, su sueño desde niño es ser campeón de MotoGP, pero, en su caso, se convirtió en obsesión y le llevó a unas obcecaciones, como con Marc Márquez, que le hacían más mal que bien. Se presionaba en exceso, como en 2020, cuando asumió que debía ganar el título tras la lesión del ilerdense.

Pero de las derrotas llegan los triunfos. O, al menos, así suele ser para los grandes. El de Roses se empeñó en ciertos cambios, personales y profesionales, que le han convertido en el primer líder de MotoGP en 2021.

En el ámbito íntimo, ha consolidado su vículo familiar: Su mano derecha es su padre Ángel, que ya no sólo entra y sale de su vida. Este invierno, el progenitor ha empezado un proyecto paralelo con un equipo en Supersport300 con un primo de ‘Mack’, llamado Dean Berta, además de Kevin Sabatucci. Entrenaba con ellos, junto a su primo más mayor, Isaac -del que lleva un tatuaje en su brazo: IV32-.

Maverick, en el podio.
Maverick, en el podio.

Además, se casó, con Raquel, y será padre de una niña en los próximos meses -se llamará Nina-. Todo esto le ha serenado aún más. “Quiero dar las gracias a mi familia, me apoyan. Tendré la mujer perfecta y una niña perfecta. Me siendo bendecido y sólo puedo dar las gracias por estos dones”, afirmaba.

Su actitud es otra

Pero en su faceta de piloto igualmente parece distinto. Desde el primer día de esta pretemporada, su actitud es otra: Adiós a las duras críticas a Yamaha, aunque estas pudieran ser constructivas, a veces. Y en muchas tenía razón. Como en probar menos piezas nuevas los fines de semana de carreras para revertir cosas, como sí le gustaba a Rossi para los ‘milagros’ de los domingos.

Viñales se empeñó en tener un gran probador -y con un buen programa-. Lo ha ha encontrado en Crutchlow. “Cal nos ha hecho centrarnos en la carrera. Ahora tenemos una mentalidad totalmente distinta: si Cal dice que algo va a ir bien, le creo”, soltó.

Viñales, en Losail.
Viñales, en Losail.

También en su ‘obsesión’ por el agarre tras la goma que dejan las Moto2. Ya sabe que baja mucho respecto al test, pero ayer no le afectó tanto. Y es, en parte, por su pilotaje. “Iba más fino al principio. Así pude ser más agresivo luego. Recuperé sensaciones con el neumático delantero que hace tiempo que no tenía. Es el año que siento más potencial. Yo lo que trato es de ayudar mucho a la moto, debes entenderla. No es el tipo de moto en el que todo va como la mantequilla”, lanzó. “Es una buena señal para el resto del año. Hemos sido capaces de construír una buena moto, pero a ver cómo va en Portimao y Jerez“, añadió advirtiendo al resto.

Es el año en el que siento más potencialMaverick Viñales (piloto de Yamaha)

Sabía que a una vuelta iba a ser veloz y por eso ni buscó mucho eso en los ensayos invernales y se centró en ir con depósito lleno o gomas gastadas. Su apoyo es Esteban García, su jefe de mecánicos, el que hizo a Yamaha fichar de KTM, que subió al podio con él tras no estar hasta el sábado por un falso positivo.

Viñales, Bagnaia y Zarco.
Viñales, Bagnaia y Zarco.

Gracias a ello ha podido hacer otra cosa que reclamaba a los japoneses: pelear en carrera. “Si de algo estoy feliz es de que he podido pelear“, afirmó. Hasta en los test practicó adelantamientos y sabía que en las curvas podía contrarrestar la velocidad punta de las Ducati en la recta. “Antes no era capaz de adelantar, me quedaba bloqueado. Trabajamos muy bien en invierno, la moto ya es muy rápida en los cambios de dirección, podía tener un buen paso por curva, que es el ADN de Yamaha”, indicó.

Ya no tiene a Rossi a su lado

Maverick, además, ya no tiene a Valentino al lado. Ha asumido la responsabilidad de liderar el proyecto, llevar más peso, aún, en el desarrollo, como dar el O.K. al nuevo chasis, que es mejor.

Le faltan cosas, como su insistencia con las salidas, una necesidad evidenciada en la carrera al ser fulminado por cuatro Ducati. “Son un misil, tenemos que seguir trabajando en ello, a ver si podemos dar un salto adelante”, manifestaba. O ganar potencia, con vistas a 2022. “Tenemos que trabajar con Cal en la entrega de potencia”, proponía. Pero ahora toca seguir centrado. “Ya lideré otras veces y no lo gestioné bien. Ahora hay que hacer ‘reset’ y volver a trabajar en el mismo camino“, admitió. Como en 2017, cuando parecía tener el Mundial a tiro tras vencer en Losail y Argentina. Se fue a manos de Marc Márquez y Viñales no fue ni subcampeón. Pero este Maverick es otro, como persona y como piloto. Por lo pronto, ha ganado mucha confianza y moral.

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