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Cuba llega al año de pandemia en medio del peor rebrote y con fe en su vacuna

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Tres turistas italianos fueron el 11 de marzo de 2020 los primeros portadores confirmados del Sars-CoV-2 en la isla y uno de ellos sería también, una semana después, el primer fallecido por la enfermedad.

Durante la mayor parte de 2020 Cuba cerró sus fronteras y mantuvo a raya la pandemia mediante una estrategia basada en el rastreo exhaustivo y en el aislamiento obligatorio y hospitalización de todos los casos confirmados y de sus contactos, a la vez que envió brigadas médicas a numerosos países para ayudar a combatir la crisis sanitaria.

Pero ahora, el país atraviesa una tercera ola de la enfermedad que ha causado más contagios y muertes en lo que va de año que en todo el 2020, detonada por la reapertura de los aeropuertos en octubre y las fiestas de fin de año.

CIERRE INVIABLE

Cuba sumaba hasta este jueves 59.157 casos y 357 fallecidos, con una tasa de letalidad del 0,6 %.

Son números aún bajos en comparación con los países del entorno, pero las tasas de incidencia y positividad no lo son, especialmente en La Habana (274 por cada 100.000 habitantes en los últimos quince días).

“Desde el punto de vista de las cifras es un desafío significativamente superior controlar una ola como la presente”, señaló a Efe el biólogo molecular cubano e investigador de la Universidad del Estado de Sao Paulo (UNESP), Amilcar Pérez Riverol, quien destacó que el “pico” actual es 17 veces mayor que el de la primera oleada hace un año.

Las estrategias que permitieron controlar la situación el año pasado no están funcionando ahora, en parte porque el país, inmerso en una fuerte crisis y con una contracción económica del 11% en 2020, no puede permitirse un cierre tan drástico como en las primeras dos oleadas.

“La magnitud del brote actual y la dificultad incrementada para aplicar medidas sanitarias estrictas y generales para contenerlo hacen pensar que se continuará al menos alrededor de esta meseta (700 a 900 casos diarios) por más tiempo”, apuntó el científico.

CINCO CANDIDATOS VACUNALES

En medio de este panorama, los cubanos esperan como agua de mayo la llegada de alguna de las cinco posibles vacunas que se desarrollan en el país y que suponen la principal esperanza no solo para la salud, sino también para sacar la economía de la isla de su estado terminal.

Cuba cuenta con una reconocida industria de biotecnología y farmacéutica que produce actualmente ocho vacunas contra enfermedades como la meningitis, el cáncer de pulmón (terapéutica) y los tumores sólidos, entre otras.

Las perspectivas de exportación de la potencial vacuna abren una fuente de ingreso de divisas. A la vez, se podría reactivar el turismo, un sector clave que en 2020 se desplomó un 75 %.

El Gobierno cubano no ha adquirido dosis en el mercado internacional ni forma parte de los 33 países latinoamericanos que se han sumado al Mecanismo Covax, creado con el auspicio de la Organización Mundial de la Salud para favorecer un acceso equitativo a la inmunización para naciones de ingresos medios y bajos.

“Ha sido una decisión acertada lanzarse al desarrollo de candidatos vacunales propios en una situación complicada por la demanda global sin precedentes”, sostiene Pérez Riverol, quien también cree correcta la apuesta por varios candidatos, ya que el más avanzado actualmente no es el primero que se presentó, sino el segundo, ahora en fase final de ensayos clínicos.

ENSAYOS PROMETEDORES

El científico destacó que “las virtudes principales demostradas hasta el momento por los candidatos son su aparente seguridad”, y en el caso del más avanzado, “Soberana 02”, “son esperanzadores” también los datos parciales de inducción de inmunidad, “que es un indicador de éxito clave en esta etapa”.

“Otra virtud de la que se ha comentado menos es que “Soberana 02″ induce respuesta celular, una parte fundamental de nuestra inmunidad para controlar la infección y evitar las formas graves de la covid-19”, añadió.

Con estos datos prometedores, la buena noticia es que Cuba podría ser el primer país latinoamericano en desarrollar una vacuna. La mala, que no será antes de 3 ó 4 meses, el tiempo promedio de desarrollo de una última fase de ensayos.

Según Pérez Riverol, “esto implica que, si no se emplea alguna alternativa, Cuba solo comenzaría a vacunar a partir de junio o julio”.

“Lo ideal hubiese sido haber tenido una alternativa” para comenzar a vacunar al menos a los sanitarios y población vulnerable, “hasta que la vacuna propia recogiera el testigo y cerrara la carrera”, concluye el experto.

También el epidemiólogo en jefe del país, Francisco Durán, insistió esta semana en que “todavía queda un tiempo para poder lograr un resultado efectivo” y llamó a la población a cumplir las normas de prevención, que por ahora son “la mejor vacuna”.

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